Las hermanas Evanette Onezaire y Jeanne Voltaire, de la Congregación de las Hermanitas de Santa Teresita del Niño Jesús, estaban en la ciudad de Mirebalais como misioneras.
En su mensaje para la Cuaresma, los prelados describen la dramática realidad que asola la sociedad haitiana, denunciando a quienes "destruyen vidas y matan los sueños de tantas familias".
El jefe de una pandilla mandó aniquilar a ese grupo de gente, formado principalmente por ancianos, tras sospechar que habían enfermado a su hijo mediante brujería. Los obispos condenaron la matanza.
El Papa Francisco ha hablado en repetidas ocasiones sobre la difícil situación en el país caribeño, instando al mundo a "nunca olvidar a nuestros hermanos y hermanas haitianos".