Viernes 4 de abril de 2025

Mons. García Cuerva: 'Necesitamos confiar en Dios, porque nada podemos solos'

  • 18 de febrero, 2025
  • Buenos Aires (AICA)
El arzobispo de Buenos Aires animó a "tomar conciencia de que no podemos solos, de que somos frágiles, de que necesitamos de los demás y de que tenemos que confiar nuestra vida al Señor".
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En su homilía para el VI Domingo del Tiempo Ordinario, el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva reflexionó sobre las Bienaventuranzas que, aseguró, "son el núcleo de nuestra fe; podríamos decir que son casi el corazón del Evangelio".

En relación con la importancia que tienen las Bienaventuranzas, planteó: "Es que Jesús, antes de proclamarlas, reza toda la noche. No solamente eso, sino que también, fija su mirada en los discípulos antes de comenzar a hablar".

"Me parece una pista interesante para los momentos en que, quizá, nosotros tengamos que decir algo importante en la vida. Cuando tengamos que expresarnos y decirle algo fundamental a otra persona, me parece que esta clave es buena: rezar mucho previamente y mirar a la realidad de las personas o de la persona a la que le vamos a hablar. Mirar al destinatario y mirar a Dios a la hora de decir algo importante", recomendó.

A su vez, el arzobispo porteño planteó una división de las bienaventuranzas: "En primer lugar, los cuatro 'Felices...' que proclama Jesús y luego los cuatro lamentos, en los 'Ay...'". Al respecto, señaló que el común denominador de las cuatro realidades que describen las cuatro bienaventuranzas es que, a los que se refiere "son todos necesitados".

"Necesitados que no pueden solos, que son frágiles, que son vulnerables. Justamente, los pobres, los que tienen hambre, los que lloran, los que son calumniados, experimentan la debilidad, la fragilidad, pero por eso confían en el Señor. Porque Él es su fortaleza, Él es la roca firme, Él es el baluarte que nos sostiene", consideró.

Monseñor García Cuerva añadió que "Dios está cerca de los que sufren, por eso son felices", y especificó: "No es que sean felices porque viven realidades duras, sino porque, justamente, por vivir realidades duras, por experimentar la propia fragilidad y la propia vulnerabilidad, uno se siente necesitado. Necesitado de Dios y necesitado de los demás".

En cuanto a los cuatro común denominadores de los lamentos, indicó "que depositan su confianza en cosas materiales y en cosas pasajeras". "Lo malo no son las riquezas; en realidad lo malo es el apego, la idolatría del dinero y la idolatría de la riqueza", diferenció, y enumeró: "El apego a los bienes, la saciedad, el sentirnos satisfechos, que no necesitamos de nada ni de nadie; y la vanidad, que todos nos aplaudan y nos elogien".

"El desprecio del otro, la insensibilidad, el egoísmo que mucha veces vivimos como sociedad, tienen que ver con esa autosuficiencia de creernos perfectos, de creernos dueños de la verdad y que rompe toda fraternidad entre los hombres. Por eso, leyendo una vez más la bienaventuranzas me animo a decir: 'Bienvenida la fragilidad, bienvenida la debilidad'. Por eso son felices los pobres, los que lloran, los que tienen hambre: porque necesitamos confiar en Dios porque nada podemos solos", reflexionó.

A su vez, aseguró que "más que nunca hoy, las bienaventuranzas pueden ser una línea directriz para la vida de los argentinos. Descubrir que nada podemos solos, que el otro es mi hermano, que es tan frágil como yo, que nadie es dueño de la verdad y que, en realidad, el sentirnos satisfechos, el reírnos de la desgracia ajena o, en todo caso, creernos dueños de todo, de idolatrar al dinero, lo único que hace es enemistar y profundizar en la tan tristemente conocida grieta".

Monseñor García Cuerva concluyó citando a monseñor Zaspe, arzobispo de Santa Fe, cura del clero de Buenos Aires, que fue el primer párroco de la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes, de Belgrano: "Algunos admiten que el Evangelio tenga que ver con el aborto, con el homicidio, con el adulterio, con los robos, pero rechazan que el Evangelio tenga que ver con la empresa, con el estudio profesional, con los planes económicos, con los cargos públicos, con los negocios y los negociados, con el soborno, con el desempleo, con los sueldos, con el alza de los precios".

Y llamó a "dar lugar a las bienaventuranzas en la dimensión más pública de nuestra sociedad porque, más que nunca, como argentinos, tenemos que aceptar y reconocernos frágiles y necesitados los unos a los otros para, entonces, entre todos, construir una patria de hermanos".+